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domingo, agosto 14, 2022

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Mujer, Poder y Arte: la Revolución pendiente.

Madrid.- El último informe sobre igualdad en el mundo del arte elaborado por el Gobierno afirma que «el ámbito de poder más inexpugnable para las mujeres es sin duda el poder cultural» y pone cifras a lo que salta a la vista, que en España «el poder de legitimación artística es abrumadoramente masculino». 

Un análisis de los puestos directivos de los centros de arte vinculados al Ministerio muestra una distribución del 77% y el 22% entre hombres y mujeres. 

En el caso de las direcciones artísticas, la desigualdad aumenta hasta un reparto del 82% y el 18%.

<<Queda mucho por hacer», afirma Eugenia Tenenbaum. «Mientras los puestos de toma de decisiones no estén plagados de mujeres feministas será difícil que el discurso cambie y, por tanto, que lo haga el sistema por entero. 

Y no solo es necesario que haya presencia femenina en las entidades del sistema del arte, es crucial que dichas mujeres sean feministas, de lo contrario seguiremos reproduciendo dinámicas sexistas», afirma esta joven historiadora, una de las más seguidas en redes sociales que acaba de publicar el ensayo La mirada inquieta (Temas de Hoy).

¿La imagen que tiene la sociedad de la mujer ha cambiado, realmente? ¿Cómo lo ha hecho? ¿De qué modo se comprendía y aceptaba a Marisol hace 50 años y ahora a Bad Gyal?

Tenenbaum lamenta que sigamos asistiendo a muchas «primeras veces»: «La primera mujer en dirigir X museo», «la primera mujer racializada a la cabeza de X departamento»… «En 2022 esto, además de intolerable, es insufrible». Pero ve esperanza en el futuro. «

<<En redes sociales, en los últimos años, ya se está viendo un cambio: cada vez surgen más divulgadoras especializadas y cada vez se publican más libros que siguen la estela de las historiadoras del arte feminista de los años 70 y los 80. 

El problema es que esto no permea en el nivel institucional y educativo. Y acaba generando un espejismo: las redes sociales nos producen la sensación de que estamos entre todas generando un cambio pero, a la hora de la verdad, nos encontramos con la misma actitud reaccionaria de siempre».

La Bienal de Venecia es la cita más relevante del arte contemporáneo. Lleva celebrándose desde 1895 y no tuvo ninguna mujer al frente hasta 2005, el año en el que no una, sino dos españolas fueron nombradas comisarias: María de Corral y Rosa Martínez. Desde entonces, sólo dos más -Bice Curiger y Christine Macel- han asumido el rol de capitanear el evento artístico que más interés despierta a nivel global. M

Este 2022 y por primera vez en sus 127 años de historia, la Bienal tiene a una mujer italiana como comisaria, Cecilia Alemani. Y su paso por Venecia no ha dejado indiferente a nadie.

De los 213 artistas que Alemani ha seleccionado para glosar lo más interesante del arte contemporáneo, un 90% son mujeres. «A nadie le extrañaba cuando el 90% de artistas eran hombres, así que no veo por qué ahora esa cifra debería incomodar a nadie», explica en conversación vía Zoom. «Suelo trabajar con mujeres artistas no porque sean mujeres, sino porque algunas de las mejores artistas actuales son mujeres». 

Katharina Fritsch, Sonia Boyle y Rosemarie Trockel son algunos de los nombres reunidos en esta edición, que se alarga hasta noviembre.

<<Las cosas están cambiando», opina Alemani. «Espero que la Bienal fuerce a la gente a parar un segundo y mirar lo que les rodea. 

No soy de obsesionarme con las cuotas, pero a veces tienes que señalar lo que sucede. De otro modo, resulta invisible para la mayoría. 

En Italia todavía se ve como normal que en museos públicos se celebren exposiciones en las que todos los artistas son hombres y, ¡nadie dice nada! Es chocante. 

No sé si esta Bienal cambiará muchas cosas, sólo espero que la gente reflexione sobre la equidad a la que deberíamos aspirar todas las sociedades».

Alemani no oculta que se ha encontrado con cierta «resistencia» a su propuesta en determinados sectores que no han visto con buenos ojos su Bienal contra «el ideal de hombre blanco». 

«Es frustrante, pero supongo que eso significa que estamos tocando las teclas adecuadas. El arte siempre ha estado en el primer plano de los grandes cambios y si también lo está haciendo ahora, sin duda es por el trabajo de todas las mujeres artistas que tienen poder y lo usan para denunciar el sexismo».

El mundo del arte lleva décadas inmerso en un proceso de autorrevisión desde que la historiadora Linda Nochlin se preguntara en 1971: ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? El para muchos texto fundacional de los estudios feministas en el arte sigue generando reacciones, décadas después. En 2009, el Pompidou de París reordenó su colección permanente solo con mujeres en una exposición titulada Elles que fue considerada escandalosa.

En 2013, el Moderna Museet de Estocolmo dedicó una muestra a la desconocida Hilma af Klint, presentándola como la inventora de la abstracción: sus lienzos rompieron con el estilo figurativo cinco años antes de que lo hicieran Mondrian y Kandinsky. ¿Hasta qué punto hay que reformular la Historia del Arte que nos han contado?

En España, en los últimos años, museos como el Prado, el Thyssen, el Guggenheim o el Picasso de Málaga han auspiciado muestras importantes de artistas que, para Tenenbaum, «siempre deberían haber estado en el centro». «Pero el carácter temporal de esas exposiciones, a mi parecer, lo que manifiesta es una falta de medios para incluirlas anualmente y que formen, por tanto, parte integral del discurso museístico y el posicionamiento ideológico de esas entidades, porque no son, ni nunca han sido, espacios neutrales».

En esa misma línea, Alemani confiesa estar especialmente orgullosa de las «cápsulas históricas» de la Bienal, que en esta edición se centran en revindicar a artistas del siglo XX sepultadas por las vanguardias. Es el caso de la surrealista Leonor Finey o la española Remedios Varo, pareja de Georges Pérec, que escapó de la Guerra Civil, vivió en París y acabó huyendo de los nazis a México, donde formó el grupo de «las tres brujas» junto a Leonora Carrington y la fotógrafa húngara Kati Horna. 

«Hasta hace diez años no se leía un solo libro sobre surrealismo en las escuelas de arte que incluyera a una mujer artista. Era todo Dalí, Magritte, Ernst», critica la comisaria italiana, cuyo objetivo es dar visibilidad a «mujeres fantásticas que durante mucho tiempo

No hace falta ser un experto en arte para conocer la complejidad psicológica de Louise Bourgeois y su obra, marcada por lo confesional y sus demonios familiares. Pero, ¿conocemos la misma cantidad de detalles de la esfera privada de, por ejemplo, Gerhard Richter o Anselm Kiefer?

<<Ese es uno de los clichés que el mundo del arte ha superado», analiza Alemani. «En los 60 y 70 parecía que si eras mujer y artista era necesario que hablaras de tu vida, tu cuerpo, tus traumas o tu vagina. 

Hoy no. A las mujeres artistas les preocupa lo mismo que a los hombres artistas y diría que el lenguaje que usan ya no es tan personal, sino universal».

Como ejemplo destaca a la norteamericana Barbara Kruger, presente en la Bienal y cuyo famoso eslogan de 1989 Tu cuerpo es un campo de batalla vuelve a estar hoy, lamentablemente, de rabiosa actualidad. «La potencia de su retórica sigue siendo la misma que en los 70». 

Para Alemani, los temas que preocupan hoy a los artistas son el lenguaje, el cuerpo y su transformación bajo la presión de la tecnología y el cambio vertiginoso del planeta. «Lo de la sensibilidad femenina es un estereotipo antiguo».

Para Elvira Dyangani, que acaba de cumplir un año como primera mujer al frente del Macba de Barcelona, el mensaje de las Guerrilla Girls sigue generando un eco poderoso. 

El grupo de activistas alcanzó gran popularidad cuando se plantó ante el MoMA de Nueva York con un llamativo cartel en el que se podía leer -junto a la Odalisca de Ingres bajo una máscara de gorila, su seña de identidad-: «¿Las mujeres debemos desnudarnos para entrar al museo? Menos del 5% de las obras del museo pertenecen a mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos».

«Las Guerrilla Girls fueron importantísimas a la hora de denunciar el sexismo. 

Yo añadiría a Carrie Mae Weems, que también se plantó delante del museo para protestar y además preguntó que dónde estaban las artistas negras», afirma Dyangani. «Una de mis obras favoritas es Framed by Modernism, el autorretrato en el que Mae Weems aparece desnuda, como una musa tradicional, junto al pintor Robert Colescott», el primer artista afroamericano de la historia en ser invitado a la Bienal de Venecia, en 1997. «En esa foto ella asume que ambos están marcados por la modernidad y el canon occidental del arte. El mismo que jamás los ha tenido en cuenta», relata.

Además de mujer, Dyangani es negra. Su nombramiento llegó cargado de un enorme simbolismo y ella es consciente de que la cúpula de todo museo es un «vehículo público del poder». Pero el contexto, asegura, importa. Y está lleno de matices. «Yo soy ahora la directora del Macba, pero en este museo han trabajado un 90% de mujeres a lo largo de su historia, llevando adelante la gestión diaria y ejerciendo de masa crítica. 

Que no sepamos valorar eso me parece un problema», dispara. «Yo no soy un token, no he venido solamente aquí a dirigir, sino a dirigir de una determinada manera. Sé quién soy y lo que llevo toda la vida haciendo, que es intervenir con exposiciones el terreno institucional», apunta Dyangani, que como Alemani, tampoco es fan de las cuotas. «De todas las exposiciones que acogerá el Macba la temporada que viene, solo una estará protagonizada por un hombre. 

Pero no creo en el paradigma de lo paritario. Las mujeres que estarán en el Macba estarán porque son las que están contando ahora mismo las cosas importantes, el discurso a nivel internacional, español y catalán que es relevante».

Tenenbaum destaca otro dato: según las estadísticas, las mujeres no solo son las estudiantes mayoritarias en carreras como Historia del Arte o Bellas Artes, también son las que mejores notas sacan y quienes están más formadas. 

Y eso es algo que no se refleja en el ámbito laboral. «Si conformamos una mayoría, y además una mayoría más formada, ¿por qué no estamos a la cabeza del sistema cultural y de las decisiones que desde él se toman? 

No estamos pidiendo que nos regalen nada, estamos pidiendo que nos dejen acceder a lo que debería ser nuestro por mérito propio».

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